El CSN revisará si las nucleares soportan el choque de un avión

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) está ultimando las pruebas de resistencia para ver si las centrales nucleares españolas soportan el impacto de un avión, según fuentes próximas al organismo. La entidad quiere ver cómo reaccionarían los silos en esa situación, y si serían capaces de llevar la central a “parada segura”, pese a la existencia de incendios generalizados.

Tras el accidente de Fukushima, las autoridades nucleares de todo el mundo comenzaron a reevaluar la seguridad de las plantas. El accidente cambió todo el panorama, porque ocurrió lo imprevisto: que una única causa, un tsunami, acabase de golpe con todo el sistema de refrigeración de emergencia. Las plantas sí habían considerado que hubiese fallos en los generadores diésel de emergencia, por eso había varios. Estos generadores mantienen el sistema de refrigeración de la central en caso de pérdida de la alimentación eléctrica. Pero nadie había calculado que una “causa común” se llevara todos los generadores de golpe, como pasó en Japón. Algo que dejó a Fukushima sin forma de evacuar el calor e hizo que se fundiesen al menos los núcleos de tres de los reactores.

El pasado 25 de mayo, el pleno del CSN aprobó las pruebas de resistencia para inundación, terremoto, accidente severo o pérdida de la refrigeración de las centrales nucleares. El pleno -con dos miembros propuestos por el PSOE, dos por el PP y uno por CiU- pospuso en esa reunión la propuesta de pruebas de ataques terroristas. Según lo aprobado, las centrales deben demostrar que pueden superar un incendio o una inundación mayor a la prevista en las bases de diseño. Las centrales deben enviar antes del 31 de octubre un informe sobre cómo superarían esos problemas.

Pero ¿qué ocurre si todo el sistema se pierde por una causa única y distinta? ¿Y si en vez de un tsunami es un atentado el que acaba con la refrigeración? Los países de la UE estaban divididos sobre si debían incluirse ataques terroristas en las pruebas de resistencia y finalmente lo dejó en manos de los Estados miembros.

En España, el Congreso aprobó por unanimidad el pasado 20 de abril una proposición no de ley en la que pide al CSN que evalúe “el análisis de resistencia y grado de vulnerabilidad de las instalaciones nucleares frente a posibles ataques terroristas y sabotajes o ciberataques”. También la “resistencia de los sistemas de contención ante impacto de aeronaves (por accidente o ataque terrorista)”, entre otras cosas, como el impacto del cambio climático. Greenpeace criticó entonces al Consejo por no seguir lo pedido por el Parlamento, la institución de la que depende oficialmente.

Con la nueva instrucción técnica complementaria, el CSN cumpliría esa resolución, aunque como destacó recientemente en rueda de prensa el vicepresidente del organismo, Luis Gámir, no era vinculante. Gámir añadió que el organismo trabaja con el Ministerio del Interior sobre la seguridad física de las centrales y lo aprendido de Fukushima.

Hasta ahora, el sector nuclear daba por hecho que las centrales españolas pasarían las pruebas de resistencia aunque tendrían que realizar inversiones para, por ejemplo, duplicar sistemas de suministro eléctrico y refrigeración. La industria nuclear está convencida de que incluso Garoña, la central más antigua de España (se conectó a la red en 1971) y que es idéntica al primer reactor de Fukushima, superará los exámenes. En 2009 el CSN aceptó que Garoña funcionara 10 años más.

Sin embargo, la inclusión del choque de un avión, con incendios extendidos por la central y amplios daños, puede hacer más difícil que superen las pruebas. Alemania, por ejemplo, concluyó en mayo que ninguna de sus 17 centrales superarían el impacto de una aeronave comercial.

El impacto de Fukushima en el sector nuclear aumenta. Tras las pruebas de resistencia, el apagón nuclear previsto en Alemania y Suiza, el referéndum en Italia ganado por los antinucleares, ahora el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha pedido cambiar la escala internacional de accidentes nucleares para diferenciar Fukushima de Chernóbil. Ambos accidentes han sido calificados con nivel 7, el máximo posible, aunque el OIEA insiste en diferenciarlos. Pretende crear un nivel superior para el accidente de Ucrania y poder mantener así que Fukushima no es Chernóbil.

Fuente:  elpais

El almacén de residuos de baja y media actividad de la nuclear de Cofrentes está al 38,8% y el de combustible al 64,37%

Según este informe, consultado por Europa Press, durante mayo se generaron 37 bidones de residuos de baja y media actividad y se entregaron 45 bidones a la Empresa Nacional de Residuos Radioactivos (Enresa) para su traslado al Centro de Almacenamiento de El Cabril.
El almacén de este tipo de residuos tiene capacidad para 20.100 bidones y, actualmente, está ocupado al 38,8 por ciento. Por su parte, el que acumula combustible gastado cuenta con 3.468 elementos, de los 5.387 que puede tener, por lo que está al 64,37 por ciento de su capacidad.
Por otra parte, la central nuclear de Cofrentes generó durante el pasado mayo 801,7 millones de kilovatios hora (kWh), con un factor de operación del 1

El almacén de residuos de baja y media actividad de la nuclear de Cofrentes está al 38,8% y el de combustible al 64,37%

00 por cien. La producción media diaria fue de 25,86 millones de kWh.
El informe mensual de la nuclear indica que en mayo se produjo una bajada de carga programada el día 7 para reestructurar las barras de control, con el fin de obtener, al final del ciclo, un quemado más uniforme del combustible.
Asimismo, el día 27 también se produjo una reducción de la producción, a raíz del accionamiento involuntario de una de las bombas de recirculación por parte de un operario, lo que supuso un descenso automático de la producción de la planta de hasta el 55 por ciento. Este suceso fue notificado al Consejo de Seguridad Nuclear.

El estudio relativo a mayo indica que la producción eléctrica acumulada desde el origen de la instalación, en octubre de 1984, y hasta el pasado día 31, asciende a 206.744,98 millones de kWh, mientras que el factor de operación –relación entre el número de horas que la central ha estado acoplada a la red y el número total de horas en el periodo considerado– se sitúa en el 88,8 por ciento.
El valor alcanzado por las emisiones de efluentes fue unas 460 veces inferior al límite autorizado, lo que, según los responsables de la central, permite afirmar que el impacto radiológico de la central en la zona es “prácticamente inapreciable”.
No se menciona nada acerca de la tierra contaminada que aparecio fuera de la central nuclear.  Ver Informacion.

 

 

En la central de Cofrentes, que es propiedad de Iberdrola Generación y la de mayor potencia eléctrica instalada del parque nuclear español, trabajan 670 personas, de las que 350 son personal propio de Iberdrola –entre las que se incluyen ocho personas destinadas en las Oficinas Centrales de Madrid– y 320 personal contratado.

Fuente:  laredcomarcal