Ante el cierre de Garoña el Partido Castellano (PCAS) exige inversiones que creen alternativas económicas en la comarca.

El PARTIDO CASTELLANO (PCAS) ante la precipitada parada del reactor nuclear y la negativa de Endesa e Iberdrola a solicitar la renovación de la licencia de la Central Nuclear de Garoña (Burgos), considera que estas empresas han engañado a la opinión pública en su solicitud de futuro para la energía nuclear, la lucha contra el cambio climático y la defensa de los puestos de trabajo en la comarca, y que su único interés de lucro económico, se ha venido abajo con las nuevas exigencias de inversiones que la catástrofe de Fukusima ha planteado .

La nueva imposición sobre la producción eléctrica que proyectan tanto el Ministerio de Industria como la Junta de Castilla y León, ha hecho a Nuclenor adelantar el cierre de la peligrosa central, “los dirigentes de las eléctricas sólo han buscado durante años una alta rentabilidad importándoles bien poco el criterio social, o la reversión en la sociedad civil de los grandes beneficios obtenidos a través del pago de impuestos”.

Para el PCAS que la central nuclear de Santa Maria de Garoña cierre su explotación, será una buena noticia cuando venga acompañada de inversiones para reactivar la economía de la zona cuya única industria es una central nuclear obsoleta.

PCAS viene reclamando desde hace años un mayor esfuerzo presupuestario así como un compromiso real, activo y directo en la creación de empleo y de actividad económica en las Comarcas del norte de Burgos, siendo imprescindible mantener y aumentar el Plan Reindus y otras alternativas de creación de empleo y dinamización económica que compensen el cierre de la Central “que iba a llegar tarde o temprano”. En la hemeroteca quedan las promesas incumplidas del vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial, el socialista Manuel Chaves, que anunció en 2009 el “Plan Garoña” que contemplaba 26 medidas divididas en cinco ejes, con una financiación de 950 millones de euros directos, que ha quedado en nada.

A los castellanistas les llama la atención, “el ridículo hecho por la Junta de Castilla y León, el Gobierno Rajoy y del Partido Popular en general, por su empecinamiento en apoyar a Nuclenor sin prever ninguna alternativa para cuando llegase su cierre”. La preocupación de los castellanistas es ahora para los 300 puestos directos que genera la instalación, por lo cual insta a las administraciones y a Nuclenor, “a que parte de los beneficios obtenidos a lo largo de los años reviertan en la zona con la creación de algún tipo de instalación tecnológica que permita a los empleados seguir trabajando en la zona”. Para los castellanistas todavía hay margen de maniobra para crear un Plan real de cara al cierre de Garoña. El desmantelamiento de la central durará entre 5 y 10 años, tiempo suficiente para articular medidas de desarrollo para la zona.

Sin embargo, el PCAS, al tiempo que se felicita por el cierre de esta obsoleta central Nuclear, los castellanistas emplazan al Gobierno Central a retomar las inversiones previstas en el “Plan Garoña” y el Plan Reindus en el norte de la provincia de Burgos. La instalación nuclear ha frenado durante años el desarrollo de otros sectores económicos en la comarca, como son la modernización y mejora de la rentabilidad de las empresas del sector agropecuario centradas en los productos de calidad, la creación de industrias en los sectores de las nuevas tecnologías y las energías renovables, y la potenciación de un sector turístico de primer nivel, que utilice como vectores el extraordinario Patrimonio Cultural y Natural de las comarcas del norte de Burgos.

Fuente:  partidocastellano.org

Alemania no encuentra el almacen nuclear en una mina de sal

Los desechos llevan almacenados desde 1967 en una mina de sal con riesgo de filtrado de agua y corrosiva.

Científicos alemanes tratan de encontrar el lugar exacto donde fueron enterrados miles de bidones con basura radioactiva hace varias décadas.

Después de barajar varias opciones, el ministerio alemán de Medio Ambiente decidió en 2010 sacar los desechos nucleares de la antigua mina de sal Asse II situada en la Baja Sajonia, a unos 20 kilómetros de la segunda mayor ciudad de la región, Brunswick. Dicho depósito fue el primer almacén de residuos nucleares en una mina de sal que se creó en el mundo. Según los datos oficiales disponibles, desde 1967 hasta 1978 se almacenaron en él unos 126.000 bidones con basura radioactiva que ocupan 47.000 metros cúbicos, el espacio de unas 60 viviendas unifamiliares. En 2010 se conoció además que había aún más plutonio almacenado en la mina del que se pensaba. También hay almacenadas unas 1.300 toneladas de otras sustancias peligrosas como arsénico y mercurio que podrían entrar en contacto con la basura radioactiva.

En este momento tratan de localizar la basura nuclear en el interior de la mina para sacarla de allí y llevarla a un almacén más seguro. Los desechos serían sacados al exterior, almacenados temporalmente en la superficie y enviados a un vertedero final. Cada día se filtran a la mina unos 12.000 litros de agua del exterior, según los datos de la empresa pública que gestiona el complejo. La alta concentración de metano en el interior de la mina podría asimismo conducir a incendios de consecuencias fatales.

Los trabajos deberían haber durado unas seis semanas y llevan ya más de seis meses porque no se encuentra la cámara donde estarían almacenados los desechos. Jens Köhler, el director técnico, asegura que en las actas no aparece la ubicación de dicha cámara y que los movimientos de tierra podrían haber desplazado la ubicación. Está planeado el uso de un radar para tratar de determinar el lugar exacto. Éste es un proyecto insólito, pues nunca antes se ha tratado de desenterrar basura atómica de un vertedero nuclear.

Al principio se presentó como un depósito temporal, se dijo a los vecinos de la zona. Por eso no había manifestaciones ni protestas masivas en contra. Se decía que el tráfico era más peligroso que los desechos nucleares allí vertidos. Además se han descubierto filtraciones de agua cuyos niveles de radioactividad superan los permitidos por la ley. En un principio se presentó a los vecinos de la zona como un centro de investigación inofensivo. En su interior se recibían grupos escolares e incluso se celebraban cumpleaños infantiles. En 2002 incluso se llegó a celebrar una misa en su interior.

Ya en 1972 se planteaba la problemática de las filtraciones de agua. El entonces secretario de Estado del Ministerio de Ciencia, Klaus von Dohnanyi, aseguraba: “La filtración de agua puede descartarse con cierta probabilidad, aunque ésta es limitada”. A pesar de que ya se contaba en los 70 con un estudio que señalaba el riesgo de filtraciones de agua en el interior de la mina, allí donde se estaba almacenando la basura radioactiva, el ministerio de innovación y ciencia, responsable por aquel entonces de la instalación, decidió seguir adelante con el proyecto, despidiendo a los científicos que habían elaborado dicho informe.

Por otro lado, los bidones de metal en que fueron transportados los desechos deberían haber sido únicamente algo temporal, ya que la corrosión de la sal los resquebraja a corto y medio plazo. Durante los ´70 tuvieron lugar varios accidentes que no se comunicaron a la opinión pública. Tampoco los trabajadores eran debidamente informados. Eckbert Duranowitsch, en un caso que denunció la propia fiscalía, trabajó de 1987 a 1990 en la mina de sal y está hoy enfermo de leucemia. No llevaba dosímetro para medir la radioactividad ni fue avisado de los riesgos. El precio de las casas en la zona ha caído en picado, ya que los casos de leucemia y cáncer de tiroides han aumentado sobremanera. Según un informe del centro de Baja Sajonia para el registro epidemiológico del cáncer, los casos de leucemia y cáncer de tiroides han aumentado en relación a los pueblos vecinos.

No se sabe si la basura se podrá sacar de la mina. El Gobierno asegura que pondrá “los medios técnicos y necesarios para ello”. El depósito Asse II ha sido un almacén muy barato desde el principio para la industria nuclear. Hasta ahora se han gastado unos 900.000 euros del erario público solamente en evacuar el agua radioactiva que ya se había filtrado, y cada día puede salir más. Hasta 1975, la industria nuclear no pagaba impuestos por almacenar en el interior de la mina los desechos nucleares. Hasta entonces se almacenó casi la mitad de los desechos que alberga el vertedero. Los trabajos de limpieza se han calculado en unos 2.000 millones de euros.Solamente en Alemania, las centrales nucleares producen cada años unas 470 toneladas de desechos radioactivos, que son almacenados en vertederos temporales a la espera de que se invente un vertedero capaz de resistir un millón de años, que es el tiempo que permanecerá la radioactividad en dicha basura.

Fuente: www.diagonalperiodico.net