La falla geológica que hizo temblar Madrid está en terreno de un permiso de fracking

Medio centenar de réplicas de pequeña magnitud refuerzan el seguimiento tras el terremoto en Ossa de Montiel (Albacete). La falla que hizo temblar Madrid estaba escondida lo que demuestra que los estudios sísmicos no son infalibles y el fracking pondría en riesgo las centrales nucleares, aunque el CSN ha evitado pronunciarse al respecto.

Apenas había dado señales de vida. Los geólogos expresaron su sorpresa por la localización de este importante seísmo, cuyo epicentro está situado lejos de las zonas que tradicionalmente son consideradas de alto riesgo de sismicidad. Mientras, más de 50 réplicas de pequeña magnitud, con un máximo de 2,7 grados en la escala Richter, fueron registradas tras el seísmo. Tres cuartas partes de ellas se dieron en el mismo municipio de Ossa de Montiel.

Los expertos del Instituto Geográfico Nacional admitieron ayer que no estaba identificada la falla en donde se originó el seísmo. Para ellos, ha sido algo doblemente imprevisto. Tradicionalmente, los terremotos se han localizado en España preferentemente en el sudoeste (Almería, Granada, Málaga, Murcia, Alicante…), zonas sísmicas próximas a la confluencia de las placas tectónicas euroasiática del sur de España y en el norte de África. La detección de un terremoto marca una falla, su fractura o una resistencia que se doblega en el territorio.

“Sorprende este seísmo porque se ha localizado en un lugar que no es de los de mayor sismicidad de España. La zona afectada se considera un área estable, la Meseta, que no es donde hay más peligro de terremotos”, dice Xavier Goula, responsable del área de sismología del Institut Geològic de Catalunya. “No conocemos todas las fallas”, sentencia.

La magnitud alcanzada (5,2) no es nada habitual, y menos en una zona calificada de baja riesgo sísmico. Ha sido el movimiento telúrico más intenso en España desde el 2012, cuando se registró otro de 5,6 grados en la costa de Pontevedra. Inicialmente, la precipitación hizo pensar que podría tratarse de la misma falla que causó el siniestro de Lorca en mayo del 2011, que provocó nueve muertos, 324 heridos y grave daños materiales.

El hecho de que el epicentro estuviera localizado a más de 10.000 metros de profundidad (a diferencia del siniestro de Lorca, cuyo foco estaba a unos 2.000 m bajo tierra) restó intensidad al suceso de Albacete (de 3 a 4 grados en la escala) y explica que no hubiera los daños de Lorca (intensidad de 7 grados).

“En esta zona no había indicios de riesgo sísmico; no se sabe qué falla ha sido la causante”, señala Luis Suárez, presidente del Colegio de Geólogos. Suárez pide más medidas de prevención y en este sentido reclamó al Gobierno que haga una revisión y adaptación de la normativa sismorresistente, la regulación que establece los cálculos de construcción y se aplica en función del mapa de peligrosidad sísmica. Suárez precisa que esta petición no viene condicionada por el sismo de Ossa de Montiel, sino que es una necesidad que se viene arrastrando desde hace años. En esta línea, el Instituto Geográfico Nacional va actualizando los mapas de sismicidad incorporando los registros de terremotos históricos y los datos sobre estudios de fallas activas (incluidas las conocidas por estudios de paleosismicidad) para tener una mejor imagen de las zonas de riesgo.

El terremoto ha tenido secuelas políticas imprevistas.

Ha reactivado la oposición al proyecto del almacén temporal centralizado residuos radiactivos (ATC) de Villar de Cañas (Cuenca), y ha hecho levantar las voces de los opositores a la técnica de fracking para extraer gas de esquisto. La empresa Oil and Gas Capital, que tiene otorgados permisos de investigación de hidrocarburos en Castilla-La Mancha en la zona en la zonas (Esteros, Almorada y Nava), indicó que “no ha realizado campaña sísmica, ni ha perforado sondeo alguno” en estas zonas. Replicaba así a quienes apuntaban hacia su actividad. El PSOE va a presentar una iniciativa en las Cortes de Castilla-La Mancha para pedir la paralización de los proyectos de fracking en la región y la revisión de la actual ubicación del ATC.

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El almacén de residuos nucleares no ha previsto riesgos sísmicos

Mientras buena parte de España tiembla, nada parece alterar a la Administración y su empresa pública de gestién de residuos nucleares que sigue convencida de que no existen riesgos sísmicos tras el terremoto con epicentro en la cercana Ossa de Montiel. Greenpeace, enemiga acérrima del proyecto, revela que el estudio de viabilidad del ATC no incluye estudios geológicos profundos sobre el riesgo de terremotos.

Vecinos de la comarca de Villar de Cañas, se han puesto en contacto con la Plataforma Contra el Cementerio Nuclear en Cuenca, en la que participa Ecologistas en Acción, para dar testimonio de la virulencia del movimiento sísmico, que movió la tierra y dejó sin luz durante unos minutos la localidad de Villar de Cañas.

Aunque el epicentro (39,04N – 2,65W) no ha sido cercano a la localidad conquense (a 82,56 km en línea recta a los terrenos elegidos para albergar el ATC) echa por tierra la afirmación de que en Villar de Cañas no hay riesgo sísmico.

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El informe emitido por el CSN, solicitando más información sobre los terrenos del ATC a Enresa [1], consta de un apartado sobre sismicidad, en el que reprocha a Enresa no haber realizado estudios en profundidad, sobre algunos aspectos, entre los que se menciona el anticlinal de Zafra de Záncara, a unos 10 km de los terrenos elegidos para albergar el ATC.

Cabe recordar que el terremoto de Lorca de mayo de 2011 y que provocó la muerte a 9 personas, tuvo una magnitud de 5,1 grados. Si a esto añadimos el terremoto que tuvo lugar en Pedro Muñoz en agosto de 2007 [2] de 5,1 grados (a 53km) y otros seismos de menor magnitud, se puede concluir que el riesgo sísmico de los terrenos está muy alejado de ser cero.

A los riesgos sísmicos, se unen, los riesgos geológicos plasmados en un informe encargado por Enresa [3] y otro por el CSN [4].

También se recogían en el estudio que encargó Ecologistas en Acción al geólogo Manuel Bello de la empresa INGEMA [5]. Para Bello,

la presencia de manantiales, suponen un riesgo evidente como

“medio de conexión de contaminantes entre las instalaciones del ATC, los acuíferos circundantes y el Río Záncara”.

Fuente:  lukor.com