El mismo día en que el Gobierno cesó a Francisco Gil-Ortega, la empresa pública tramitó un contrato de 1,4 millones para cumplir con el Consejo de Seguridad Nuclear

Tras el fulminante cese hace un mes de Francisco Gil-Ortega como presidente de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa), el Gobierno reaccionó con rapidez ante las dudas existentes sobre la idoneidad de los terrenos de Villar de Cañas (Cuenca) para construir el Almacén Temporal Centralizado (ATC), el conocido ‘cementerio nuclear’.cospe enresa

Ni un minuto esperó el Ejecutivo para rectificar el error en el que Gil-Ortega –únicamente preocupado por adjudicar las obras– se había empecinado en incurrir. El de no haber realizado, como le había indicado el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), los trabajos para verificar si los terrenos eran lo suficientemente seguros como para construir sobre ellos unos depósitos destinados a recoger 7.000 toneladas de basura radiactiva.

El pasado 10 de febrero, el mismo día que se anunciaba el cese de Gil-Ortega, y antes de que fuera nombrado su sustituto, la empresa pública Enresa inició la tramitación para contratar esos trabajos. Más de 1,4 millones de euros para realizar el estudio geotécnico que determine si el suelo resulta compatible con la instalación nuclear.

Inusual rapidez en la tramitación

No suele ser muy habitual que en la Administración Pública un expediente logre recabar firmas de distintos departamentos con la celeridad con que se hizo en este caso. Ese mismo día 10 de febrero, hasta cinco responsables de Enresa firmaron.

Solo faltaba la firma del presidente. Básicamente porque ese día fue el que cesaron a Gil-Ortega y no se nombró a su sustituto, Juan José Zaballa, hasta dos días después. Al final, hubo que esperar hasta el pasado 27 de febrero a que Zaballa rubricara el final de la tramitación del expediente como máximo responsable del órgano de contratación.

Sondeos más certeros

Lo que busca Enresa con estos trabajos es realizar sondeos a mayores profundidades que las realizadas hasta ahora, para superar los 75 metros y llegar hasta los 200. A esa profundidad resultan más certeros los estudios geotécnicos e hidrogeológicos de los terrenos, de cara a saber si son compatibles con la construcción en la superficie del almacén nuclear.

Estos trabajos habían sido requeridos hace meses por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) para contar con más datos con los que realizar su informe vinculante previo a la construcción del silo nuclear, pero Gil-Ortega había hecho caso omiso.

Estudio listo a mediados de 2016

Como labores adicionales, la empresa que resulte adjudicataria de realizar los nuevos sondeos deberá dar cuenta de la resistividad eléctrica del terreno de cara al diseño de la red de puesta a tierra en el entorno de la subestación eléctrica, así como determinar la temperatura y la conductividad térmica del terreno.

La zona acotada para los nuevos estudios ocupa una extensión de 30 hectáreas dentro del área protegida, en la conocida como Instalación Nucleary. Enresa contempla que, tras la adjudicación de contrato, las obras se inicien el próximo mes de septiembre para que concluyan ocho meses después, a mediados de 2016.

Para el caso de que finalmente el ATC se construya, una vez evacuados los informes y obtenidos los permisos, Enresa lo quiere tener todo a punto. Así, el pasado martes anunciaba otro contrato, con un presupuesto de 520.000 euros, para la compra de los equipos y sistemas básicos de vigilancia radiológica.

 

Fuente;: economiadigital.es

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