Breve historia y planes para el cementerio nuclear de El Cabril, Córdoba

Población del municipio de Hornachuelos que alberga El Cabril

Algo más del 10% de los bidones provenientes de las centrales nucleares están clasificados como “irradiantes”, es decir, con una “dosis media de irradiación de 3 rad/hora en superficie y un máximo de 5 rad/hora.

Esto supone en el mejor de los casos que, si solo hablamos de radiaciones beta y gamma, un trabajador de instalaciones nucleares que estuviese una hora junto a uno de estos bidones habría recibido la dosis máxima permisible para un año y la mitad de la permitida en cinco años. En el caso de cualquier otra persona bastarían dos minutos para alcanzar el límite permisible.

El Cementerio Nuclear de El Cabril, Córdoba, es el único almacenamiento de basura radiactiva en nuestro país. La Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, ENRESA, proyecta la creación de las actuales instalaciones en el I Plan de Residuos Radiactivos, I PGRR, aprobado en noviembre de 1987. La memoria del proyecto recogía que la instalación estaba concebida para almacenar bultos de residuos radiactivos de media y baja actividad y vida corta: es decir, peligrosos para las personas y medio ambiente durante unos trescientos años.

El Cementerio Nuclear de El Cabril situado en la Sierra de Albarrana, junto al río Bembézar, afluente del Guadalquivir, territorio limitante con el Parque Natural de Hornachuelos y perteneciente al municipio del mismo nombre, Córdoba, es el único almacenamiento de basura radiactiva en nuestro país. La Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, ENRESA, proyecta la creación de las actuales instalaciones en el I Plan de Residuos Radiactivos, I PGRR, aprobado en noviembre de 1987. La memoria del proyecto recogía que la instalación estaba concebida para almacenar bultos de residuos radiactivos de media y baja actividad y vida corta: es decir, peligrosos para las personas y medio ambiente durante unos trescientos años. En consecuencia, las barreras de protección, si se comportan adecuadamente, deberán soportar 300 años el paso del tiempo.

Este cementerio nuclear se construyó en ese emplazamiento siguiendo una política de hechos consumados, basándose en un cementerio previo que recibió de forma ilegal residuos nucleares. Estos comenzaron a ser depositados inicialmente en 1961 en secreto y bajo autoridad militar, en una mina de uranio abandonada y posteriormente en tres módulos en superficie construidos por la Junta de Energía Nuclear, hasta octubre de 1992. En diciembre de 1988, la asociación ecologista Aedenat, en la actualidad Ecologistas en Acción, iniciaría una larga lucha legal que fructificó el 5 de junio de 1996, al conseguir la sentencia favorable de la sala novena de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, donde se recoge la obligación del desmantelamiento de El Cabril. El Ministerio de Industria y Energía recurriría la sentencia pero Aedenat consiguió la sentencia firme del Tribunal Supremo en contra de ENRESA en 2002, declarando ilegal el cementerio nuclear. Mientras tanto, en pleno proceso legal, se ejecuta la construcción de nuevas instalaciones que ocupan 20 hectáreas. La sentencia firme en contra de ENRESA a tiempo habría impedido esa ampliación.

El Cabril alberga también una Planta de Acondicionamiento de residuos con unidades de compactación, donde los bidones se comprimirán con una prensa para disminuir su volumen formando las denominadas galletas que después se reembidonarán. Los residuos líquidos se utilizarán para hacer mortero que posteriormente se introduce en bidones y por último un incinerador en la que se queman residuos líquidos y sólidos de Pequeños Productores y centrales nucleares que emite a la atmósfera residuos radiactivos y añade a las instalaciones más posibilidades de accidentes.

A 31 de diciembre de 2016, el número total de unidades de almacenamiento de baja y media actividad almacenados en las plataformas norte y sur era de 6.680, que supone el 74,45% de la capacidad total. El Cabril añade un riesgo adicional al que supone el almacenamiento y transporte de residuos. ENRESA, en su revista Estratos, calcula un flujo de doce camiones con destino a El Cabril, esto es, en cualquier momento habrá por las carreteras españolas una media de doce camiones con unos 45 bidones de basura radiactiva con destino a El Cabril, camiones al año que recorren 40.000 Km al estar el cementerio lejos de todas las centrales nucleares.

Algo más del 10% de los bidones provenientes de las centrales nucleares están clasificados como “irradiantes”, es decir, con una “dosis media de irradiación de 3 rad/hora en superficie y un máximo de 5 rad/hora. Esto supone en el mejor de los casos que, si solo hablamos de radiaciones beta y gamma, un trabajador de instalaciones nucleares que estuviese una hora junto a uno de estos bidones habría recibido la dosis máxima permisible para un año y la mitad de la permitida en cinco años. En el caso de cualquier otra persona bastarían dos minutos para alcanzar el límite permisible.

Adicionalmente a El Cabril, se están transportando y almacenando sustancias que componen el combustible de las centrales nucleares, dióxido de uranio, UO2, procedentes de la fábrica de combustible nuclear de Juzbado (Salamanca) de la Empresa Nacional del Uranio (ENUSA). Según los informes del Consejo de Seguridad Nuclear, CSN, entre 2013 y 2016 se han almacenado unos 600 kg de “uranio en forma de UO2 no recuperable con destino a Enresa (El Cabril –Córdoba – España), procedentes de la Fábrica de Combustible de Juzbado, Salamanca”
El UO2 es una sustancia clasificada como muy tóxica, cancerígena y peligrosa para el medio ambiente por la Unión Europea y tiene como componente U235, sustancia con una vida media de cientos de millones de años.

La base para este almacenamiento es el acuerdo que adopta el CSN ante el problema creado por la falta de almacenamiento de las fuentes radiactivas de los pararrayos radiactivos que contenían Ra-226 y Am-241. Tras el fallido intento de cementerio en Domeño, el CSN cambió la definición de residuos radiactivos de media y baja actividad, y sin publicidad alguna para el público en general ni para los habitantes del entorno de El Cabril. Esta modificación se recoge textualmente en el Informe Semestral de 1990, CSN/IS/19/90, donde los residuos de media y baja actividad son “los bultos de residuos sólidos o solidificados no generadores de calor y específicamente los siguientes”. Es decir, suprimió de un plumazo el requisito del periodo de tiempo que deben estar aislados de la población y los ecosistemas sin modificar las características de El Cabril, diseñado para soportar 300 años de aislamiento de la basura radiactiva.

Hay que recordar también que El Cabril, si no se impide, albergará los materiales radiactivos procedentes del desmantelamiento de las centrales nucleares españolas, para lo que tendrá que multiplicar por cuatro la capacidad actual. Según los documentos de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, ENRESA, El Cabril estaba dimensionado para albergar 58.000 m3 de basura radiactiva, mientras que los residuos de media y baja actividad, según el VI Plan General de Residuos Radiactivos aprobado en 2006, serán de 176.300 m3, para una actividad de las centrales nucleares de 40 años.

Está claro el regalo envenenado que quienes decidieron construir para beneficio propio están dejando para las futuras generaciones; dejando a las claras que la energía nuclear, además de peligrosa, es escandalosamente inmoral. Por ello es urgente el cierre del origen de los residuos, las centrales nucleares y el Cementerio Nuclear de El Cabril.

Almacen Nuclear de El Cabril o la imposición que arruinó a una comarca.

Obtenido del diario Público 03/02/2010 07:30

Escrito por  Ángel Muñarriz- Hornachuelos  (Córdoba) –

Aquí Ascó da envidia. Y Yebra también. No porque opten al Almacén Temporal Centralizado (ATC), sino porque, simplemente, pueden elegir. Aquí no. En el entorno de El Cabril, los residuos fueron una imposición. “Nadie nos preguntó. El almacén se puso y punto. Y al que no le guste, que se… En fin, lo de siempre”, dice Antonio Velasco. A su lado, bajo el mismo sol de media mañana en la plaza principal de Alanís (Sevilla), le replica Miguel Valero, otro jubilado setentón: “A mí, si me preguntan ahora, voto que no”.

Alanís es uno de los cuatro pueblos que Industria reconoce en el área de influencia del centro de almacenamiento de residuos de El Cabril, además de Las Navas de la Concepción (también en Sevilla), Hornachuelos y Fuente Obejuna (ambos en Córdoba). El almacén, en el corazón de la sierra de Albarrana, sin pueblos habitados a menos de diez kilómetros, custodia todos los residuos de media, baja y muy baja actividad de España. El centro, que funciona desde 1992 y es heredero de instalaciones usadas en el franquismo, utiliza ya el 60% de su capacidad.

El silo custodia los residuos de actividad media y baja de toda España

No es, obviamente, comparable al ATC, donde se almacenará basura nuclear de alta actividad. “Si El Cabril se cierra y se tapa, tardaría entre 300 y 500 años en dejar de haber radiación. El ATC es para decenas de miles de años”, pondera Carlos Bravo, responsable de Energía Nuclear de Greenpeace. Pero los ingredientes de la tensión social son los mismos: pueblos divididos entre el miedo a un accidente y el miedo al paro, autoridades que prometen trabajo y seguridad.

“¿Empleo? ¡Aquí nos íbamos a hacer todos ricos, nos decían! Y fíjate, esto ahuyenta a nuevas industrias y es malo para el producto alimentario”, protesta Fernando Porras, apicultor de 60 años en Hornachuelos, en cuyo término municipal está El Cabril. Su opinión no es unánime. También abunda la indiferencia, sobre todo entre los jóvenes. Y la resignación. Entusiasmo, poco.

El Cabril no es ni de lejos un motor de desarrollo de la zona, que ha perdido población desde 1992. Su plantilla es de 118 trabajadores, a los que se suman 196 contratos externos. El paro castiga a estos pueblos tanto o más que a sus vecinos.

POBLACIÓN DE HORNACHUELOS DESDE 1900 HASTA 2016


Segun los datos publicados por el INE a 1 de Enero de 2016 el numero de habitantes en Hornachuelos es de 4.598, 44 habitantes menos que el en el año 2015. En el grafico siguiente se puede ver la evolucion demografica que ha habido en el municipio a lo largo de los años, para ver cuantos habitantes tiene Hornachuelos segun su edad podemos verlo en la piramide de poblacion.
Si lo que interesa es saber cual es la poblacion de Hornachuelos segun el lugar donde han nacido los habitantes (Continente, Pais, Comunidad Autonoma, Provincia, o Municipio) puede verlo en nuestro estudio demografico de poblacion segun lugar de nacimiento.

La gestión de Enresa

Tan cierto es que El Cabril no ha sido palanca de progreso como que no constan accidentes graves, si bien los ecologistas critican la opacidad de Enresa, la empresa pública que gestiona los residuos radiactivos de España. Tampoco hay estudios alarmantes sobre salud o medio ambiente. El rechazo reside más en la sospecha que en la certeza. Y muchos insisten en que da mala imagen.

“A nadie le gusta tener ahí eso, por si pasa algo, pero qué le vamos a hacer”, explica, al otro lado de un torno que oculta su rostro, la hermana Laura, que vive enclaustrada en el convento de las carmelitas descalzas, en la aldea de San Calixto, de Hornachuelos, a 15 kilómetros de El Cabril. Un lugar ideal para ejercer la resignación.

Entre finales de los años cincuenta del siglo pasado y principios de los sesenta, el régimen comenzó a almacenar de tapadillo en El Cabril, en una mina de uranio abandonada, los residuos resultantes de las pruebas que debían incorporar a España al club de la bomba atómica. Con la creación de Enresa en 1984, las obras de lo que hoy es El Cabril comenzaron en 1990 tras obtener las licencias.

Los vecinos se quejan de que no ha servido para desarrollar la zona

Antes, en los ochenta, miles de personas se opusieron a asumir esa herencia. Hubo cortes de carreteras, manifestaciones y hasta una huelga general en 1986. “Todos sabían que era una imposición injusta. Pero el dinero frenó las protestas”, recuerda José Larios, líder de aquella movilización ya olvidada, que dio su primera charla contra los planes del Estado en 1979.

El dinero, claro, ayuda a digerirlo todo. “Esto ya está aquí y no podemos evitarlo, pero que nos compensen”, reivindica el andalucista Cecilio Fuentes, alcalde de Alanís. Todos los alcaldes han advertido, al hilo de la polémica del ATC, que les saben a poco los menos de dos millones de euros anuales que reciben de Industria. “Las compensaciones por el ATC que oíamos son escandalosas. Merecemos más”, dice el independiente Julián López, alcalde de Hornachuelos.

“Es el gran éxito de Enresa, haber hecho reinar la resignación”, afirma Manuel Raya, de la asociación ecologista Hornasol. Raya reclama una explicación en detalle de la actividad en la zona que lleva a cabo la Fundación Enresa, que canaliza fondos para desplegar una intensa actividad de relaciones públicas que garantiza más apoyo al almacén.

Pero la movilización de los ochenta dejó su huella. Quedó demostrado cuando, a principios de los noventa, una simple filtración que apuntaba a que el Valle de los Pedroches cordobés podía ser el destino del Almacén Geológico Profundo (AGP) movilizó a toda la comarca, con sus ayuntamientos al frente. No todo va a ser resignación.

 

Fuentes:       elsaltodiario.com

almacennuclear.wordpress.com

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