Todo lo relacionado con las bombas de Almeria fue un montaje mediatico. O, no aprendemos ni a la de tres.

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Tras veinte años de investigación, iniciada cuando trabajaba como corresponsal de Efe en Washington, Rafael Moreno publica ahora “La historia secreta de las bombas de Palomares: La verdad sobre el accidente nuclear silenciada durante 50 años” (Ed. Crítica) en la que reconstruye los hechos ocultados con una minuciosa recopilación de documentos obtenidos en los archivos estadounidenses y algunos españoles.

“Tú sabes nadar, ¿no?”, le espetó el impetuoso ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, al entonces director de la agencia Efe, Carlos Mendo, apenas doce horas antes de embarcar en un DC-4 para ir a bañarse a Palomares.

Así comenzó la operación de propaganda que pretendía evitar que el siniestro nuclear ocurrido hace 50 años arruinase la campaña turística y conjurar los daños políticos y diplomáticos con Estados Unidos en plena “Guerra Fría” .

Tras la colisión del B-52 Stratofortress con la aeronave nodriza KC-135 cuando repostaba en vuelo sobre Almería (en el sureste peninsular español), siete tripulantes fallecieron y cuatro lograron salvarse, pero una de las cuatro bombas termonucleares, 65 veces más destructivas que las de Hiroshima, fue recuperada en el mar 80 días después.

Dos de las tres Mark 28F1 de 1,5 megatones de potencia que impactaron en tierra se rajaron y los isótopos radiactivos de uranio-235 y plutonio-239 liberados al contacto con el aire se oxidaron y, según los estadounidenses, entonces “la contaminación superó los 2,3 kilómetros”.

Entre los legajos norteamericanos cuya desclasificación obtuvo el investigador, Moreno se topó con el acuerdo suscrito bajo el mandato de José María Aznar en 1997 que no fue hecho público y del que la prensa española “no escribió ni una sola línea“, aunque concuerda con la política española en este asunto que caracteriza como de “transparencia nula” .

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Tampoco el mandato de Jose Luis Rodríguez Zapatero contribuyó a la normalización, pues como recuerda el profesor universitario, fue la propia ministra de Asuntos Exteriores entonces, Trinidad Jimenez, quien en una conversación le reconoció que en esa época primaba la convulsa situación en los países vecinos inmersos en las denominadas “Primaveras Árabes” .

Sin embargo, durante la gestión de Hillary Clinton como jefa de la diplomacia estadounidense, la actual aspirante a la nominación demócrata a la Casa Blanca y, pese a las advertencias desde la embajada norteamericana en Madrid, el Departamento de Energía, como subraya Moreno, puso fin a la cooperación económica de 41 años en el Proyecto Índalo, para el seguimiento del riesgo radioactivo.

Es por este motivo, que el autor sí considera importante, pese a la inconcreción de plazos y económica, que los gobiernos de España y Estados Unidos, representados “por primera vez al nivel de titulares de Asuntos Exteriores”, -José Manuel García-Margallo y John Kerry-, suscribiesen “con luz y taquígrafos” un acuerdo en Madrid el pasado 19 de octubre.

Sin fijar los plazos ni la financiación, aclara Moreno, Estados Unidos se compromete “a llevarse la basura radioactiva cuando haya una segunda limpieza de Palomares” y destaca que cuando fue suscrito el documento “ya no había ningún acuerdo legal relacionado con Palomares”.

Añade que es positivo igualmente que “por primera vez se ha pedido a Nevada (el almacén nuclear estadounidense) que tenga en previsión que le puede llegar tierra contaminada de Palomares”.

“Hay ya una previsión de donde podría ir”, puntualiza.

Esa tierra aún contaminada y que no fue trasladada con la que los estadounidenses se llevaron entonces a su país, explica el autor, fue roturada para uso agrícola, pues puntualiza, sus propietarios tenían certificados expedidos por las autoridades que aseguraban que todo estaba en orden, y claro, cuando llegó la burbuja inmobiliaria, el afán edificador alcanzó la zona.

Y el americio, recuerda Moreno, “puede ser más peligroso que el plutonio pues es más volátil y puede ser inhalado” y , subraya, “en este caso probablemente cuanto más tiempo pase puede ser incluso más peligroso dejarlo ahí”.

Y al final, aquel día Fraga no se bañó una vez, sino que se dio tres chapuzones y eso que, según el autor, fue Robin Chandler Lynn, ex relaciones públicas de la compañía Pepsi, y la cuarta esposa del embajador norteamericano, Angier Biddle Duke, quien ideó el golpe publicitario, conservado como un icono de la “Guerra Fría”.

Fuente: terra.es

Más:  Hallan en Almería dos fosas con material radiactivo de las bombas de Palomares

Científicos advierten a EEUU sobre el riesgo de enterrar residuos nucleares

almacenamiento-residuos-nuclearesAlmacenamiento de residuos nucleares en almacén geológico profundo. Fotografía: Departamento de Energía de EEUU – WIPP

Un artículo publicado hoy en la revista científica Nature advierte al Gobierno de Estados Unidos sobre los posibles riesgos a largo plazo de enterrar 34 toneladas de plutonio procedente de armamento nuclear en un depósito a más de 600 metros de profundidad en Carlsbad, Nuevo México.

El Departamento de Energía estadounidense, que está obligado a hacerse cargo de esos residuos en virtud de un acuerdo firmado con Rusia en el año 2000, evalúa confinar ese material de deshecho en su Planta Piloto de Aislamiento de Desechos (WIPP), el único Almacén Geológico Profundo (AGP) que existe en el mundo.

Cientos de miles de tambores de acero revestidos de plástico se alinean ya en el fondo de esa instalación, excavada en la roca hasta el nivel de un lecho salino de 250 millones de años de antigüedad.

El depósito ha alcanzado la mitad de su capacidad y será sellado de forma permanente en 2033, de forma que los residuos de plutonio-239 y otros materiales radiactivos, con una vida media de más de 24.000 años, quedarán encapsulados durante milenios.

El plan original de Estados Unidos era convertir esos residuos militares en combustible para reactores de fisión, pero el alto coste de la planta proyectada para ese fin en Carolina del Sur ha llevado al Departamento de Energía a valorar un plan alternativo.

Los científicos que firman el artículo en Nature, encabezados por el profesor de Seguridad Nuclear de la Universidad de Stanford Rodney Ewing, advierten de que no se han tenido en cuenta riesgos a largo plazo de almacenar el plutonio en el WIPP, como las reacciones químicas inesperadas en los materiales de desecho.

El escrito subraya que Estados Unidos tiene la responsabilidad de asegurar que la instalación es segura durante al menos 10.000 años, un extremo que fue puesto en duda tras un incidente registrado en febrero 2014.

Uno de los subproductos de los desechos nucleares reaccionó de forma inesperada con el material del bidón que lo contenía, lo que produjo una fuga de gas radiactivo a través de los canales de ventilación que se expandió alrededor de 900 metros y expuso a 21 trabajadores a niveles bajos de radiactividad.

Los científicos consideran que ese accidente, aunque de poca gravedad, ilustra la dificultad de predecir potenciales fallos de una instalación que debe funcionar durante milenios.

 

“El Departamento de Energía ha identificado perfectamente las causas (de aquel incidente) y ha implementado medidas correctivas. Sustancias químicas incompatibles ya no se mezclan en los tambores”, conceden los expertos.

“Sin embargo, una vez el repositorio esté cerrado, no se podrá monitorizar su contenido ni corregir problemas”, alertan.

El diseño del depósito confía en que el lecho salino sobre el que se asienta impediría que el material radiactivo se filtrase al exterior en el caso de que los barriles se rompieran, un escenario que según los científicos no se ha estudiado lo suficiente.

Además del peligro de que se produzca un accidente en el interior de la instalación una vez sellada, los científicos advierten de que en miles de años alguien podría perforar en esa zona en busca de gas o petróleo, y provocar una fuga radiactiva.

“No podemos estar seguros de que los futuros habitantes de esa zona sepan que el WIPP está ahí. Para poner en perspectiva la escala temporal de la que estamos hablando, la agricultura se desarrolló hace tan solo 10.000 años”, señala el escrito.

Los sedimentos salinos suelen indicar la presencia de recursos minerales y energéticos, por lo que la posibilidad de que alguien trate de perforar en ese lugar en los próximos milenios es “significativa”.

Dados esos riesgos, los científicos creen que para almacenar plutonio militar en WIPP debe evaluarse de nuevo su capacidad de mantenerse seguro durante al menos 24.000 años.

Fuente: EFEverde

La nuclear de Ascó II informa de un vertido de 1.000 litros de agua contaminada

El derrame se ha producido durante las labores de recarga y no ha significado ningún riesgo según el gestor de la central

Viernes, 28 de noviembre del 2014

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha informado este viernes que durante las labores de recarga en la central de Ascó II se ha producido “un pequeño derrame de agua fuera del cubeto del tanque de almacenamiento“. Fuentes de la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs (ANAV) han notificado la incidencia al CSN a pesar de que no era obligatorio debido a la cantidad del vertido y su actividad, han informado.

Unos 1.000 litros de agua del sistema de evacuación del calor residual se han derramado durante las labores de recarga que se están realizando en Ascó II y que la mantienen parada. El agua derramada ha sido recogida por la canaleta que conduce a una arqueta de pluviales, dentro del emplazamiento, por lo que ha sido necesario su descontaminación así como la del colector que une ésta con otras arquetas, ha informado ANAV.

El vertido se ha producido debido al mal cierre de una de las tres cañerías que se utilizan para devolver el agua al sistema. Durante cinco minutos ha estado saliendo el agua que se guarda en tanques cuando se realiza la recarga y que se devuelve al sistema cuando está a punto de finalizar la recarga, como es el caso. El vertido recogido está considerado de baja y media actividad.

 

Otras fugas en Ascó

Garoña deberia cerrar por problemas de seguridad

La noticia siguiente es anterior a la presentación de los papeles de prorroga de Garoña por parte de Iberdrola y Endesa, no obstante aclara el porqué Garoña debería de continuar cerrada y dejar de ser una amenaza para España.

Nuclenor tendría que invertir al menos 120 millones de euros para implementar las medidas de seguridad derivadas de las pruebas de resistencia realizadas a consecuencia del accidente nuclear de Fukushima

La central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) se desconectó de la red eléctrica el domingo 16 de diciembre de 2012, quizá ya para siempre. La compañía propietaria, Nuclenor, anunció pocos días antes mediante una nota de prensa su decisión de anticipar el cese definitivo de su explotación con anterioridad al 31 de diciembre de 2012 para, supuestamente, evitar las pérdidas económicas que le ocasionarían las reformas energéticas del Gobierno. Se refería en concreto a los nuevos impuestos sobre la producción eléctrica y el combustible nuclear gastado (Nuclenor calcula que este último impuesto les supondría pagar 153 millones de euros) que se gravarán a partir del 1 de enero de 2013 con la entrada en vigor de la Ley de Medidas Fiscales para la Sostenibilidad Energética, que fue aprobada en el Congreso de los Diputados a finales del pasado mes de diciembre. En aquella nota de prensa, Nuclenor también advirtió que su decisión podría revertirse si no se acabase promulgando esa Ley (cosa que no ha sucedido, ya que fue publicada en el BOE el pasado 27 de diciembre) o si, una vez promulgada, las condiciones impuestas hubiesen variado sustancialmente respecto del Proyecto de Ley que se tramitó, algo que tampoco ha ocurrido. En su última comunicación, Nuclenor ha ratificado el cese de la explotación de Garoña salvo que  Hacienda pudiera otorgarles una exención fiscal sobre el citado impuesto, lo cual parece poco probable.

 Pese al carácter reversible que Nuclenor insiste en otorgar a su decisión, todo parece indicar que ésta ya no tendrá vuelta atrás. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha dejado claro que, ante la renuncia de Nuclenor a solicitar en septiembre pasado la prórroga de funcionamiento hasta 2019 que le brindó en bandeja el Gobierno Rajoy, el único escenario posible es el del cierre definitivo de la central en julio de 2013. Cierto es que, de vez en cuando, surgen informaciones de que Nuclenor y el Gobierno siguen negociando a puerta cerrada para tratar de garantizar la continuidad de Garoña, pero ello entrañaría muchas complicaciones, incluso desde el punto de vista legal, y pondría en un situación extremadamente difícil al CSN.

 Analizando la evolución de las declaraciones y notas de prensa, parece obvio que existe una estrategia de comunicación por parte de Nuclenor para propagar que la causa del cierre es una mera cuestión económica derivada de la incertidumbre regulatoria generada por el Gobierno en el sector eléctrico (incertidumbre que, desde luego, existe, y que afecta especialmente al sector de las energías renovables) y que el cese de su explotación no tiene nada que ver con el funcionamiento de la central nuclear, que, según arguyen, sería segura.

 En este juego en el que las eléctricas culpabilizan al Gobierno de ser el culpable de que tengan que cerrar la central nuclear de Garoña porque con sus medidas normativas ya no les salen las cuentas (aunque en el 2009, cuando el Gobierno Zapatero tenía que tomar una decisión sobre su cierre o continuidad, Nuclenor porfiaba en que Garoña era extremadamente rentable), el Ejecutivo, en contrapartida, quedaría fortalecido ante la opinión pública como el único que ha sido capaz de resistirse a las pretensiones de los poderosos, del influyente lobby eléctrico.  

 En línea con esa estrategia mediática, se ha ido incluso poco a poco relegando a un plano muy secundario el dato de que Nuclenor tendría que invertir al menos 120 M€ para implementar las medidas de seguridad derivadas de las pruebas de resistencia realizadas a consecuencia del accidente nuclear de Fukushima, cuya unidad número 1 es hermana gemela de Garoña. Las eléctricas quieren alejar cuanto antes el fantasma de Fukushima del recuerdo de la opinión pública. Pero es precisamente aquí donde parece estar el quid de la cuestión sobre el cierre de Garoña.

 Industria nuclear en declive

Desde hace décadas, la industria nuclear está en declive. La causa principal es su falta de rentabilidad. Sin las ayudas públicas, directas o indirectas, no lograría sobrevivir. Su elevado coste económico se debe principalmente a las cada vez mayores exigencias de seguridad por parte de la sociedad, especialmente tras los desastres de Three Mile Island (EE.UU., 1979), Chernóbil (Ucrania, 1986) y ahora Fukushima (Japón, 2011). Como muestra, un botón: la compañía eléctrica estatal francesa EDF ha reconocido recientemente que el coste de su única central en construcción, el reactor EPR de Flamanville-3, ha pasado de los 3.300 M€ estimados inicialmente a 8.500 M€.

 Lo más probable es que el cierre de Garoña se deba realmente a que sus dueños son conscientes de que las inversiones que tendrían que acometer en el corto y medio plazo para hacer frente a las medidas de seguridad que se exigirían a Garoña son mucho más elevadas de lo que inicialmente dijeron.

 Los problemas de seguridad de Garoña son muy importantes, y vienen de lejos, pero se han hecho más relevantes tras el desastre de Fukushima. Por un lado, los problemas de agrietamiento que afectan a diversos componentes de la propia vasija del reactor, donde se encierra el combustible nuclear, entre ellos el 70% de las barras de penetración del fondo de la vasija (por las cuales pasan al interior del reactor las barras de control, que son el mecanismo indispensable para parar la central nuclear ya que se encargan de inhibir las reacciones nucleares que tienen lugar en el núcleo de uranio) y el barrilete (un componente interno que da integridad estructural al núcleo). Con estos antecedentes, el descubrimiento, el mes de julio pasado, de grietas en la propia estructura de la vasija de los reactores belgas Doel-3 y Tihange-2, elaboradas por la misma empresa que fabricó las de Garoña y Cofrentes, permiten suponer que éstas probablemente podrían estar también aquejadas de este grave problema. En el caso de Garoña, el proceso de fabricación utilizado fue similar al empleado en Doel-3, por lo que sería urgente realizar inspecciones detalladas in situ y emitir un posterior dictamen a este respecto. La actitud del CSN de no querer llevar a cabo estas inspecciones ha levantado sospechas entre ciertos sectores de la sociedad civil.

 El CSN tampoco ha dado importancia a los problemas de inserción de las barras de control al interior de la vasija en determinadas condiciones de funcionamiento a potencia en reactores tipo Garoña si ocurriera un terremoto base de diseño. Este hecho fue denunciado, tras su descubrimiento, por General Electric Hitachi, suministrador de la tecnología, a la Nuclear Regulatory Comisión (NRC) de EE.UU. en septiembre de 2011 así como a los operadores de centrales de ese diseño.

 La central de Garoña es incapaz de refrigerar correctamente el núcleo del reactor incluso en funcionamiento rutinario, que se hace a costa de provocar un enorme sobrecalentamiento de las aguas del río Ebro a su paso por Garoña. Un incremento de temperatura que vulnera ampliamente las condiciones de la autorización de vertido, violación ante la cual la Confederación Hidrográfica del Ebro se ha puesto una venda en los ojos, para evitar que se le pueda exigir a Nuclenor la construcción de una torre de refrigeración, de elevado coste, como sin embargo se hizo años atrás con la central nuclear de Ascó, en la misma cuenca. Esta incapacidad es ahora mucho más preocupante, tras el accidente con fusión del núcleo en Fukushima, cuya verdadera causa fue la falta de capacidad de refrigerar el núcleo del reactor tras la pérdida de suministro eléctrico provocado por el terremoto y el tsunami posterior.

 Además, Garoña carece de una balsa de aguas para servicios esenciales que, independientemente de la toma de agua que está en el río, pueda dar suministro de agua en caso de emergencia. Es la única central nuclear española que el propio río actúa como sumidero final de calor y a la vez como toma de aguas esenciales. Esta situación resulta de diseño obsoleto, y su corrección implicaría inversiones económicas muy elevadas.

 Como puede comprobarse en el “Informe final de las pruebas de resistencia realizadas a las centrales nucleares españolas”, elaborado por el CSN y publicado con fecha 22 de diciembre de 2011, aparecen importantes lagunas todavía sin cerrar por parte de este organismo con respecto a Garoña que requerirán inversiones muy importantes en la instalación para que ésta pudiera seguir operando en condiciones de seguridad exigibles.

 Como puede verse a partir de la página 155 del citado informe, los resultados de la evaluación del CSN no son claramente concluyentes en lo que atañe a los posibles sucesos externos que pudieran afectar a su normal funcionamiento.

 Como sucesos externos más importantes por sus devastadores o adversos efectos sobre la instalación, estarían los siguientes. Por un lado, terremotos (como los que ocasiona el fracking). El informe del CSN dice (pag. 155): “Están pendientes de verificación por parte del CSN las acciones correctoras propuestas por el titular para aumentar el valor HCLPF de los equipos identificados con un margen inferior a 0,3g, así como la evaluación de márgenes de algunos sistemas utilizados en escenarios de SBO y GGAS” [se trata de determinar la capacidad sísmica de la central denominada de “alta confianza de baja probabilidad de fallo” (HCLPF)]

 Por otro las inundaciones, siendo el peor escenario la rotura de la presa del Ebro, aguas arriba, capaz de albergar 541 Hm3. El informe indica (pag. 157): “Respecto a los efectos de rotura potencial de presas aguas arriba del emplazamiento, los análisis del titular difieren de los contemplados en los planes de emergencia de presas dentro de la práctica española. En vista de estos resultados, el CSN considera que deberán acometerse las acciones necesarias para armonizar ambos planteamientos, el realizado por el titular y el postulado en los planes de emergencia. Como consecuencia de esa armonización, el titular deberá revisar sus análisis y adoptar las medidas que de ellos se deriven”. La realidad es que la rotura de la presa puede ser rápida o instantánea. En esta hipótesis la central no soportaría el suceso, que provocaría la inundación del emplazamiento de Garoña. El titular ha estimado sus análisis considerando una rotura “progresiva”, lo cual no es conservador.

 Otro de estos sucesos externos sería la rotura de la presa de Sobrón, aguas debajo de la central, que dejaría a ésta sin sumidero final de calor y por tanto sin capacidad de extracción del calor residual a largo plazo. Tampoco ha sido analizado.

 El informe del CSN concluye además que otros temas, como en lo relativo a los márgenes ante temperaturas extremas, están todavía en revisión por parte del CSN (pag. 158).

 La lista de problemas sería muy larga. Pero no debe dejarse de señalar que,  además, el CSN ha incumplido de forma manifiesta el mandato del Pleno del Congreso de los Diputados del 12 de abril de 2011 y el acuerdo de la Comisión Europea del 25 de mayo de ese mismo año relativos a la realización de las pruebas de resistencia de seguridad a las centrales nucleares, al no haber incluido y publicado el CSN, para las instalaciones nucleares españolas, las correspondientes a impactos de aeronaves (por accidente o ataque terrorista), a los efectos del cambio climático y a posibles ataques terroristas y sabotajes o ciberataques. Al contrario que otros países, como Alemania, Holanda o Suiza, que sí lo han hecho.

 Al respecto, Santa María de Garoña, una central nuclear de primera generación en España y con el mismo tipo de reactor que el utilizado en Fukushima 1, es obviamente la más vulnerable. En un estudio acerca del impacto de un avión contra una central nuclear suiza en Muelhleberg, en la que se usa el mismo tipo de reactor, el resultado es que se puede esperar un enorme daño al edificio del reactor. El grosor de sus paredes es de solo 0,60 metros; el grosor de la bóveda es, en parte, de tan solo 0,15 metros. Una colisión contra el edificio del reactor causaría la fusión del núcleo con la contención abierta: el peor escenario concebible, especialmente por la enorme y rápida liberación de radioactividad. Es de temer que esta catastrófica liberación de radiactividad ocurriría incluso en el caso de que un avión relativamente pequeño (como un Airbus A320) chocara contra el edificio. En Garoña, la piscina de combustible gastado está dentro del edificio del reactor y considerablemente menos protegida que el reactor. En caso del impacto de un avión, la piscina de combustible gastado podría resultar dañada, lo que significa que habría una liberación de radiactividad adicional.

 Demasiados problemas demasiado costosos de solventar. Nuclenor hace bien en cerrarla, otra cosa es que lo haga sin reconocer la verdad para no dar la razón al movimiento ecologista.

Fuente: google

 

Si hacemos caso a Rajoy en Fukushima no hay ni ha habido problemas.

No se si alguien creerá a este señor a estas alturas de la vida. El que hablaba de los hilillos de plastilina en la mayor catástrofe petrolera de Galicia con el Prestige. El que no iba a bajar las pensiones y no se cuantas cosas más. Desde luego en Japón ha vuelto a demostrar que clase de persona es, cubriéndose de gloria no sabemos en honor a quien, pero desde luego no a la verdad.

El deseo de Mariano Rajoy de atraerse a sus huéspedes japoneses le ha llevado hasta la ciudad de Fukushima, a 60 kilómetros de la central protagonista de uno de los mayores accidentes nucleares de la historia, en marzo de 2011. El presidente del Gobierno español ha estado menos de una hora en Fukushima, lo suficiente para inaugurar la exposición de José María Sicilia Flores de Invierno, en la que el artista, presente en el acto, reflexiona sobre la tragedia. Rajoy es el primer dirigente occidental que acude a Fukushima, un gesto político que hasta el emperador Akihito le agradeció cuando lo visitó en el Palacio Imperial el día anterior.

El presidente, que siempre ha apoyado la energía nuclear aunque nunca se había mojado tan claramente, estaba tan lanzado en su afán de agradar los oídos de los responsables japoneses que, en un acto con los llamados “héroes de Fukushima”, algunos de los militares que acudieron a la central en el primer momento para frenar la catástrofe, ha llegado a decir que “los temores [sobre Fukushima] son infundados”.

Sin embargo, pocas horas antes de que el tren bala condujera a Rajoy a la ciudad desde Tokio, la empresa dueña de la central, Tepco, anunciaba que ha detectado una nueva fuga y que se ha vertido agua radiactiva al mar. En realidad la ciudad en la que ha estado Rajoy, una urbe de 200.000 habitantes que trata de recuperar la normalidad, está lejos del mar sobre el que está la central del mismo nombre. Sin embargo esta casualidad de la coincidencia del anuncio de Tepco –el segundo de este tipo en dos meses– muestra que la situación no está aún controlada.

El propio Sicilia, un artista que lleva meses trabajando en Fukushima, especialmente con niños cercanos a la tragedia, ha dado una visión distinta a la optimista de Rajoy. “El asunto no está ni mucho menos resuelto, como prueban las informaciones que aparecen hoy”, explicaba Sicilia tras la inauguración de su exposición.

Rajoy, por el contrario, ofreció la visión más amable antes de volver rápidamente a Tokio para entrevistarse con el primer ministro, Shinzo Abe. “Algunas personas fuera de Japón ligan Fukushima al desastre nuclear y lo pronuncian con temor”, ha explicado el presidente. “Es un temor que no hace justicia a los esfuerzos que ha hecho el pueblo japonés para volver a la normalidad, es un temor infundado, y espero que mi presencia contribuya a disipar estos temores”.

Rajoy ha querido reivindicar la resistencia del pueblo japonés. “Todos los españoles se han unido al pueblo japonés reconociendo su fortaleza para superar la adversidad tan inesperada y de tales dimensiones. Los héroes de Fukushima, que contuvieron el accidente con grave riesgo para sus vidas y en beneficio de su nación, nos enseñan que no hay nada que el espíritu humano no pueda superar, ningún obstáculo que el trabajo y el sacrificio no puedan dejar atrás”. “El pueblo japonés sabrá triunfar contra la adversidad. Y no estarán solos, podrán contar con sus amigos españoles”, ha rematado el presidente, en ese afán por agradar en una visita de claro contenido económico, y diseñada con el objetivo de buscar más inversiones japonesas en España, algunas ya concretadas o a punto de hacerlo, especialmente en el sector de automóvil.

Recordemos que Garoña es de diseño identico a Fukushima y los varios embalses que se encuentran arriba y abajo de la central  y todos a rezar.

Fuente: elpais

La obsoleta central de Garoña obligada a parar por una fuga de liquido en el circuito de refrigeración.

Un nuevo ejemplo de manipulación de los incidentes nucleares.

Leyendo la siguiente noticia podemos ver como el CSN hace un arte de las medias verdades  para encubrir una fuga de liquido del circuito primario de refrigeración del reactor de Garoña.Garona_Cierre_ya

¿Ha donde ha ido el agua fugada durante dias?  ¿Lo han recogido con baldes de la señora de la limpieza?

Según el subdirector de la central es lo mismo una parada programada para recargar uranio que una parada obligada porque el circuito que refrigera el reactor pierde liquido refrigerante.

De risa si la cosa no sería tan grave.

“Este suceso no cuestiona la seguridad de la central” –incidió– “una parada de este tipo ocurre cada uno o dos años”.

Todo un ejemplo de cinismo y encubrimiento de la verdad.

Casi ningún medio se ha hecho eco de la noticia porque pondría en peligro la elección del Almacen “Temporal” Centralizado.

Veamos la noticia  de europapress.es:

El CSN dice que la fuga de Garoña está dentro de los límites establecidos. O sea que nos estamos contaminando pero dentro de la normativa vigente.

MADRID, 10 Feb. (EUROPA PRESS) –

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) aseguró este miércoles que la fuga de barrera de presión que dio origen a una parada programada de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) estaba dentro de los límites permitidos a nivel internacional, al tiempo que “desmiente” que ésta haya provocado cualquier vertido radiactivo al río Ebro.

Así lo explicó este miércoles el subdirector general de instalaciones nucleares del CSN, Javier Zarzuela, que señaló que la fuga estaba estabilizada, del 1 al 5 de febrero, en una sexta parte de lo permitido y, a partir de la tarde de ese día, los niveles llegaron hasta la mitad de lo permitido, por lo que el titular de la central, Nuclenor, decidió realizar una parada programada, “a pesar de que la operación era totalmente segura”, que se hizo efectiva ayer martes, 9 de febrero, a las 11.47 horas. Ahora, la central estará parada “varios días”.

Según Zarzuelo, un vez dentro del circuito, los técnicos observaron una fuga en una línea de venteo, “con la que no contaban”, de aproximadamente una pulgada y que, al estar junto a la barrera de presión era obligado notificarla al CSN.

SIN VERTIDOS RADIACTIVOS AL EXTERIOR

Asimismo, el subdirector general de instalaciones nucleares del organismo regulador desmintió “categóricamente” que se haya producido ningún vertido de material radiactivo de la central al exterior, ni al río Ebro porque la fuga estaba dentro del circuito y, en ningún momento, este circuito llega al exterior.

“Esto causa una alarma innecesaria al público que queremos desmentir”, subrayó, al tiempo que apuntó que el suceso ha sido calificado con un nivel 0 en la Escala Internacional de Sucesos Notificables y que no representa ningún riesgo para los trabajadores, la población y el medio ambiente y que “en cuanto a límites se refiere la operación de planta es completamente segura.

En ese sentido, calificó la “actitud” de Nuclenor a la hora de decidir parar Santa María de Garoña de “prudente y lógica” e insistió en que “no tenía obligación”.

Concretamente, Zarzuela explicó que la fuga estaba en la empaquetadura de una válvula de bypass de una válvula de presión y aclaró que todas las líneas son del circuito primario y van al interior de la contención primaria, que es donde se encuentra el refrigerante del reactor.

También, agregó que la contención sirve para recoger las fugas producidas y desde ese sumidero se llevan a un tanque de tratamientos de residuos líquidos, que posteriormente se filtran para quitarle cualquier suciedad limpiándola químicamente, siendo llevados a continuación a un tanque para su almacenamiento y reponer después el refrigerante del reactor.

En esas circunstancias, el responsable del CSN indicó que una vez parada la central, los técnicos de Garoña pudieron acceder al pozo seco, al que anteriormente no se puede acceder porque éste está inertizado con nitrógeno para evitar un incendio en caso de problema eléctrico y porque en ese lugar hay “bastante actividad radiactiva”.

FUGA INESPERADA

Además, detalló que, en primer lugar, vieron el origen de la fuga identificada en una empaquetadura de una válvula, o sello que mantiene la hermeticidad de la válvula que está en contacto con el líquido del circuito primario y que se había ido desgastando. El problema está en que, según indicó, se encontró una “fuga con la que no contaban” en una tubería para ventilar el primario, que tiene una serie de tuberías por las que sale el aire en la parada de recarga.

“La soldadura de la unión de la tubería tenía una grieta por la que había una fuga adicional”, admitió Zarzuela que acotó que “todas las fugas sumadas” estaban por debajo del límite”, aunque este segundo escape, una “fuga por barrera de presión”, debe ser notificada al CSN.

El subdirector general de instalaciones del CSN adelantó que el “foco está en dos puntos”: averiguar cuál es la causa del suceso, cuando se sepa se podrá hacer la reparación; y supervisar los trabajos de la central para comprobar que hacen un buen trabajo y que la reparación es “adecuada”.

“Este suceso no cuestiona la seguridad de la central” –incidió– “una parada de este tipo ocurre cada uno o dos años”.