El CSN detecta irregularidades en las dosis de radiación recibida por los trabajadores de Garoña

Según los últimos datos del CSN, referidos a una inspección en la central burgalesa realizada el pasado marzo para comprobar la aplicación de medidas de protección radiológicas, se desprenden irregularidades en las dosis de radiación recibidas, tanto a nivel individual como colectivas, de los trabajadores.

Parece que Garoña nos puede seguir dando sustos después de cerrada.

Estos graves hechos unidos a los vertidos de Cesio de 2017 y a la ocultación de los mismos, indican que es necesario un control exhaustivo de esta central nuclear.

Parece que al no estar el PP en el gobierno de Madrid, el control de los sistemas nucleares se realiza con más libertad y profesionalidad.

La inspección apunta que el “indicador dosis oficial máxima individual no es coherente con el valor de nivel administrativo de dosis”.

Ante esta situación, “se exigen reestimaciones contantes de los objetivos de dosis de trabajo y de los anuales operacionales de la instalación”.

El acta del regulador atómico relativa a la “Inspección para comprobar la aplicación de medidas para la protección ocupacional (…) en la situación actual de cese definitivo de la explotación de la central”, señala que, para establecer los criterios de garantía radiológicos, desde la última inspección el titular ha realizado diez reuniones extraordinarias: cuatro en 2017, tres en 2018 y otras tres en 2019 hasta auditoría del pasado marzo.

En las actas del comité “Alara” -donde se aprueban o revisan los objetivos de dosis- “no se recogen objetivos para la dosis máxima individual anual y no hay aprobación del objetivo de dosis individual por parte del director”.

ALARA es el acrónimo en inglés de “As Low As Reasonably Achievable”, es decir, “tan bajo como sea razonablemente alcanzable”, uno de los principios básicos para establecer cualquier medida de seguridad radiológica.

El acta del CSN incide también en la “necesidad de renovación de la señalización de zona controlada de permanencia limitada, debido a que es difícil distinguir los riesgos de contaminación y/o radiación“.

La central burgalesa de Garoña no tiene actividad desde diciembre del año 2012 y su clausura definitiva se produjo el 1 de agosto de 2017, desde esa fecha se encuentra en fase de pre-desmantelamiento hasta que arranque, previsiblemente en 2021, la fase de demolición.

Fuente: estrelladigital.es

Vertido de Cesio en 2017

Las dosis bajas de radiación de las centrales nucleares también causan cáncer

La radiación recibida por algunos trabajadores de la industria nuclear puede causar un pequeño aumento en la mortalidad por leucemia

Un estudio internacional de 2015 coordinado por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), en colaboración con el CREAL (Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental, en Barcelona, centro aliado ISGlobal), el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH, EE.UU.), la Oficina de Salud Pública de Inglaterra (PHE), el Instituto Francés de Radioprotección y Seguridad Nuclear (IRSN) y la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.) muestra que la exposición prolongada a dosis bajas de radiación ionizante como las que reciben algunos trabajadores de centrales nucleares puede causar leucemia.

El estudio, publicado en la edición del 22 de junio de 2015 de la revista The Lancet Haematology , muestra que el riesgo de mortalidad por leucemia aumenta de forma lineal con la dosis de radiación.

“Este estudio proporciona la evaluación más precisa hasta la fecha del riesgo de leucemia después de dosis bajas y prolongadas de radiación”, explica la profesora Elisabeth Cardis, jefe del Programa de Radiación del CREAL y una de las coautoras del estudio. “Esto demuestra que incluso las bajas dosis de radiación recibidas por los trabajadores de la industria nuclear pueden causar un pequeño aumento en la mortalidad por leucemia y que el riesgo aumenta con dosis crecientes”.

Pese a que serán necesarios nuevos estudios para mejorar el conocimiento sobre la relación entre bajas dosis de radiaciones y riesgo de cáncer, a partir del trabajo ahora publicado, “es probable que cambien las recomendaciones generales de la Comisión Internacional de Protección Radiológica (CIPR), que son deliberadamente conservadoras”, ha explicado el profesor Thomas Jung, de la Oficina Federal de Alemania para la Protección contra la Radiación en Munich, en declaraciones publicadas en la edición digital de la revista Nature.

Las exposiciones a dosis bajas no solo son típicas de las exposiciones ambientales u ocupacionales, como la exposición de los trabajadores nucleares en su lugar de trabajo, sino también de las exposiciones médicas, tales como la de los pacientes sometidos a tomografía computarizada (TC) en los procedimientos de diagnóstico médico.

El estudio sobre 300.000 trabajadores de centrales

Basándose en las evidencias científicas más sólidas disponible a escala internacional, el Estudio Internacional de Trabajadores Nucleares (INWORKS), un seguimiento de un estudio anterior en 15 países liderado por la profesora Cardis, evaluó las exposiciones de más de 300.000 trabajadores nucleares en EE.UU., Francia y el Reino Unido durante el período 1943 y 2005.

El estudio evaluó el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, como la leucemia, el linfoma y el mieloma múltiple.

Los resultados del estudio ponen de manifiesto de manera clara una asociación positiva entre la exposición a la radiación ionizante y el riesgo de mortalidad por leucemia y muestran que el riesgo de leucemia aumenta linealmente con la dosis de radiación.

El riesgo asociado a la exposición varía con el tipo de leucemia. El riesgo fue mayor para la leucemia mieloide crónica, y no hubo mayor riesgo para la leucemia linfocítica crónica.

El estudio muestra poca evidencia de asociaciones entre la exposición a las radiaciones ionizantes y la mortalidad por mieloma múltiple o linfoma. “Las normas actuales utilizadas para la protección contra las radiaciones siguen basándose principalmente en las exposiciones de dosis altas agudas, derivadas de estudios basados ??en supervivientes de las bombas atómicas en Japón”, explica el Dr. Christopher Wild, director de la IARC. “Esta evaluación de los efectos cancerígenos de la exposición a dosis bajas fortalece los datos científicos en que están basadas las normas de protección radiológica. Estos nuevos hallazgos son importantes al considerar la exposición a la radiación en diferentes escenarios, incluyendo el uso en el diagnóstico médico”.

Artículo científico de referencia

Leuraud, Klervi et al. Ionising radiation and risk of death from leukaemia and lymphoma in radiation-monitored workers (INWORKS): an international cohort study. The Lancet Haematology. June 22th. 2015.

Radiación de Garoña en funcionamiento.

Radiación de Ascó y Cofrentes en funcionamiento.

Mucho menor que la de Garoña

Fuente:  lavanguardia.com