La demolición de edificios de la central de Zorita comenzarán en el segundo semestre

Zorita con su residuos de alta intensidad

Enresa ha calculado que a lo largo del proyecto de desmantelamiento de la central ‘José Cabrera’ se gestionarán alrededor de 104.000 toneladas de materiales, de los cuáles entre un 5 % y un 10 % serán catalogados como residuos radiactivos

La Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) empezará la demolición de los principales edificios de la central nuclear “José Cabrera”, en Almonacid de Zorita (Guadalajara), en el segundo semestre del año.

El subdelegado del Gobierno en Guadalajara, Ángel Canales, acompañado por personal de la Unidad de Protección Civil de la Subdelegación, ha visitado la nuclear que se encuentra en la última fase de desmantelamiento.

Se trata del primer desmantelamiento completo de una planta atómica en España, la primera que entró en operación, en 1968, y que puso fin a su actividad en 2006, tras 38 años de funcionamiento.

El subdelegado ha comprobado los trabajos desarrollados por Enresa, que superan el 85 % de lo programado, ha explicado el director de la instalación, Manuel Ondaro, quien ha confirmado que ya están desmantelados todos los sistemas operativos que estuvieron en funcionamiento durante el periodo de actividad de la central.

Durante este segundo semestre del año va a empezar la demolición de los principales edificios, entre ellos el edificio de contención del reactor, rematado por una cúpula roja que lo convierte en uno de los más característicos de la instalación, unos trabajos que se prolongarán hasta finales de 2020.

El subdelegado ha recorrido las diferentes instalaciones que forman parte de la planta nuclear -reactor, edificio auxiliar de desmantelamiento, almacenes de residuos de baja y media actividad y Almacén Temporal Centralizado (ATI)- y de conocer el proceso de gestión de los residuos generados por el desmantelamiento.

En este sentido, Enresa ha calculado que a lo largo del proyecto de desmantelamiento de la central “José Cabrera” se gestionarán alrededor de 104.000 toneladas de materiales, de los cuáles entre un 5 % y un 10 % serán catalogados como residuos radiactivos.

Fuente: eldiario.es

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El reactor nuclear camino de la central nuclear de Zorita, en 1968 - ABC

El reactor nuclear camino de la central nuclear de Zorita, en 1968 – ABC

La medida fue anunciada por el ministro de Industria Joaquín Planell en 1957, cuatro meses antes de que se produjera el primer accidente nuclear grave de la historia en la URSS

Tan solo faltaban cuatro meses para que se produjera el primer accidente nuclear grave de la historia –el de la central soviética de Mayak, en los Urales, en septiembre de 1957–, cuando el ministro de Industria franquista, Joaquín Planell, anunció que «el Gobierno español va a acometer sin vacilaciones el establecimiento de centrales eléctricas nucleares para completar de manera paulatina a las hidráulicas y térmicas de tipo convencional». La noticia se publicaba en ABC el 23 de mayo, en un momento todavía delicado de cara a la opinión pública, puesto que este tipo de energía aún se asociaba a las bombas atómicas que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945.

El Caudillo jamás llegaría a tener noticia de dicho accidente cerca de la población de Kyshtym. Se produjo al explosionar un tanque subterráneo de almacenamiento lleno de residuos de plutonio en la planta de Mayak, considerado todavía hoy el tercer peor desastre nuclear de la historia, después de Chernóbil (1986) y Fukushima (2011). Quién sabe si el Gobierno español habría cambiado de opinión con respecto a nuestro desarrollo nuclear si hubiera trascendido aquella catástrofe que provocó una enorme nube radioactiva que se extendió cientos de kilómetros, que afectó a más de 250.000 personas y que provocó evacuaciones de población a gran escala. Sin embargo, el régimen comunista consiguió mantenerlo oculto hasta mediados de la década de los 70, cuando Franco ya había muerto.

Es probable que todo hubiera seguido su curso tal y como lo hizo, porque ya en 1952 se había producido otro accidente en la planta de Chalk River, en Ottawa (Canadá), tras fundirse parcialmente el núcleo, sin que se produjeran daños personales. Como prueba, baste mencionar que un joven Jimmy Carter participó en la limpieza de este y vivió durante décadas hasta convertirse en el presidente de Estados Unidos en 1977.

Como todavía no se conocían las malas noticias (ni las buenas) con respecto a la energía nuclear, en febrero de 1957, tres meses antes del anuncio de Planell, Franco creó la Dirección General de Energía Nuclear dependiente del Ministerio de Industria. «Durante 1958 se habrá adquirido suficiente experiencia para decidir, con seguridad, el tipo de reactores más convenientes para España. Y es muy probable que en 1959 se suscriban los contratos para la construcción de las primeras centrales, las cuales entrarán en servicio en 1952», informaba también este periódico.

Desde 1948

Esta idea se venía fraguando en el régimen franquista desde una década antes. El objetivo era solucionar los problemas energéticos que padecía España desde hacía tiempo, sobre todo, tras los estragos que había sufrido el país durante la Guerra Civil y, más tarde, para hacer frente al suministro que necesitaba debido al crecimiento de la población después de la posguerra. Una tendencia que iba en consonancia con la de las principales potencias del mundo, que tras la Segunda Guerra Mundial se lanzaron a la búsqueda del aprovechamiento de la energía nuclear e inauguraron las primeras centrales: Óbninsk, en la URSS (1954), Calder Hall, en Gran Bretaña (1956), y Shippingport, en Estados Unidos (1957). La primera piedra de esta última fue colocada por el presidente Dwight D. Eisenhower.

El proyecto en España partió concretamente del científico José María Otero de Navascués, que en 1948 presentó un informe al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el que aconsejaba que se iniciaran las investigaciones sobre la energía nuclear. Muy lejos quedaban todavía los terribles accidentes de Three Mile Island (Pensilvania, Estados Unidos), en 1979 y Chernóbil, convertido estos días en todo un fenómeno cultural gracias a la serie de HBO. Como recordaría años más tarde el mismo Navascués en el diario «Arriba», Franco tuvo «la previsión de comprender el enorme potencial del empleo pacífico de la energía nuclear y lo que esto podía representar en la solución de los problemas energéticos de nuestro país».

Como consecuencia de ello, ese mismo año de 1948 se creó una Comisión de Estudios. Era la primera semilla para la construcción de centrales nucleares en España, que comenzaría en 1965 con la de Zorita (en servicio desde 1968), en Guadalajara. Después continuó con otras nueve, de las cuales actualmente solo funcionan siete: Garoña (en servicio desde 1971), Almaraz I (1981), Ascó I (1983), Almaraz II (1983), Cofrentes (1984), Ascó II (1985), Valdellós (1987) y Trillo (1988). Las mismas cuya seguridad fue puesta en duda a raíz de la fuga radiactiva de Fukushima, en 2011, tras el terremoto y posterior tsunami que azotó Japón: «El debate siempre está vigente en el caso de la utilización de la energía nuclear y ahora es más necesario», declaró la entonces ministra de Economía, Elena Salgado.

«Átomos para la paz»

Hasta llegar aquí, el camino no fue nada fácil. España tardó dos décadas desde que Navascues presentó la idea hasta que Zorita se puso en funcionamiento. Y es que, durante esos años, la energía nuclear estuvo asociada a la destrucción de Hiroshima y Nagasaki y a los programas armamentísticos de las principales potencias. Aquel fue su pecado original y su maldición, y en el Pardo no estaban dispuestos a despertar los fantasmas de la guerra de nuevo, aunque fuera solo por los daños que podía provocar la energía atómica, tal y como habían visto en Japón.

Franco esperó a 1951 para crear también la Junta de Energía Nuclear (JEN), que se se encargaría de investigar y asesorar al Gobierno en todo lo relacionado con este campo tan polémico. Y, además, se convirtió en la responsable de la seguridad, la protección radiológica y la formación del personal que trabajaría en las futuras centrales.

La fecha clave en este proceso fue, sin duda, el 8 de diciembre de 1953. Ese fue el día en que Eisenhower pronunció su histórico discurso « Átomos para la paz», en el que defendía el uso de la energía atómica con fines pacíficos y no militares. «El fin sería ayudar a solucionar el espantoso dilema atómico, a dedicarse en cuerpo y alma a encontrar el camino por el cual la milagrosa inventiva humana no sea dedicada a la muerte, si no a consagrar la vida», explicó el presidente de Estados Unidos.

Como gesto de buena voluntad, la Casa Blanca desclasificaba poco después gran parte de la información científica y tecnológica recabada por Estados Unidos. Hasta ese momento había sido empleada, únicamente, con fines militares. Y en 1955 firmaba un acuerdo de cooperación nuclear con España, según el cual Franco recibiría su primer reactor, el mismo que formaría parte de la central de Zorita [en la imagen], así como uranio enriquecido imprescindible para el funcionamiento de la planta.

Zorita, nuestra primera central

Para España el desarrollo nuclear se convirtió en ese momento en una posibilidad real. Tanto que, en 1958, conseguimos desintegrar por primera vez un átomo. «Lo hemos hecho a pocos metros de la Puerta del Sol: en el reactor atómico experimental de la Moncloa», contaba este diario, que calificó el logro como «la culminación de la estrecha colaboración existente entre la Junta de Energía Nuclear y la General Electric Company con el programa “Átomos para la paz”».

España inauguró la central de Zorita, llamada José Cabrera, en plena época del desarrollismo franquista. Comenzó a funcionar 14 años después de que lo hiciera la central de Obninsk. «Esto abre las puertas a una nueva época de continuado y creciente suministro de energía […]. Se encuentra en plenas condiciones de eficiencia y seguridad […]. Los técnicos y empleados viven con sus familiares, en un confortable poblado y una hermosa residencia, a pocos centenares de metros», contaba ABC el día de su puesta en funcionamiento, el 13 de diciembre de 1968. Un acto en el que el entonces ministro de Industria, Gregorio López Bravo, y Franco informaron, además, del avanzado estado de construcción de otras dos centrales: Santa María de la Garoña (Burgos) y Vandellós (Tarragona).

El dictador pronto tuvo que intercalar durante un tiempo la inauguración de todas estas centrales nucleares con la puesta en funcionamiento de otras presas y centrales térmicas. El régimen fue, efectivamente, solventando poco a poco la creciente demanda de electricidad. En 1975, España ya era en la séptima potencia nuclear del mundo, solo por detrás de Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania Federal, Unión Soviética y Francia. Un año en el que también comenzaban las primeras protestas de los movimientos antinucleares, bajo el argumento de que esa energía era muy peligrosa, cara y, sobre todo, contaminante.

Un ejemplo de esta disconformidad se produjo tras la catástrofe de Chernóbil, que tuvo consecuencias en el campo de la ciencia, la tecnología, la medicina, el medioambiente y la política para todo el mundo. En España tuvieron más repercusión aún cuando se produjo el accidente en la central tarraconense de Vandellós I, en octubre de 1989, tras el incendio que ocasionó importantes disfunciones en diversos sistemas necesarios para garantizar la refrigeración del reactor. Un noche horrible que llevó a muchos vecinos de las poblaciones cercanas a abandonar sus casas. «¿Son las centrales nucleares un peligro, como se afirma a veces… o es un estado de psicosis colectiva por falta de una información adecuada?», se preguntaba el diario «Informaciones», el 20 de junio de 1975.

 

Fuente: ABC

7.200 toneladas de residuos de Zorita. Ahora vas, y lo cascas.

 

Zorita con sus residuos de alta intensidad

El desmantelamiento de la José Cabrera ha generado hasta la fecha 7.200 toneladas de residuos radioactivos

Enresa ya ha ejecutado el 86 por ciento de los trabajos de desmantelamiento de la central José Cabrera, en Zorita de los Canes (Guadalajara). Una de las pruebas del avanzado estado de la actuación ha sido la desaparición de la icónica chimenea de la central, uno de sus elementos más reconocibles. Primero fue troceada en 12 piezas de 30 toneladas. Después, en 25 segmentos que han sido tratados como material convencional. Ahora, “el riesgo radiológico ya es muy limitado” y la mayor parte de los trabajos que aún quedan por ejecutar afectan a materiales convencionales, sin carga radioactiva. “Quedan las demoliciones de los edificios, que son convencionales, pero tienen dificultad por la envergadura de las instalaciones”, indicó el director de Operaciones, Juan Luis Santiago Albarrán.

Precisamente, uno de los grandes éxitos del proceso está siendo la notable reducción del material radioactivo gracias a los tratamientos que está aplicando la empresa. “Hemos reducido un 50 por ciento la previsiones iniciales”, explicó el Director de Desmantelamiento, Manuel Ondaro. Además, de los elementos radioactivos, se calculaba que en torno 70 por ciento sería clasificado como de media y baja actividad, mientras que el 30 restante lo sería de muy baja, proporciones que finalmente se han invertido. El 70 por ciento de los residuos han sido catalogados como de muy baja intensidad y el 30 de media y baja.

Desde que Enresa asumiera los trabajos, en febrero de 2010, hasta el 30 de septiembre de 2018, se han generado 16.879 toneladas de materiales. De ellos, 9.600 toneladas se tratarán con normalidad al no tener carga radioactiva, ya que 6.200 eran de material convencional y 3.400 de materias desclasificado (nombre con el que se conoce al material al que se le ha eliminado la carga radiológica). En cuanto al resto, 5.800 toneladas han sido clasificadas de muy baja actividad y 1.433 como de baja y media actividad, siendo estas 7.200 toneladas trasladadas a El Cabril, en Cordoba, donde se encargarán de su gestión.

Uno de los mejores ejemplos del trabajo que se está realizando para reducir el material radioactivo es la planta de lavado de tierra, con la que se ha logrado reducir de 18.000 a 9.000 las toneladas de tierra con carga radioactiva.

Aunque los trabajos se encuentran en un punto muy adelantado, con los equipos desmontados y las instalaciones descontaminadas, el trabajo no estará exento de complejidad, ya que pasa por la demolición de todos los edificios aún existentes. Al final, Ondaro calcula que se tendrán que gestionar más de 100.000 toneladas de materiales, aunque solo entre un 5 y un 10 por ciento de esta cantidad será material radioactivo.

En 2019, por lo tanto, comenzará la demolición de los principales edificios: el Edificio del Evaporador el Almacén de Residuos 1, el Edificio Eléctrico en el que estaba la Sala de Control y el Edificio de Contención y Auxiliar. Después llegará el momento de devolver los terrenos a su propietario. “Al final del proyecto, Enresa será de las pocas empresas en el ámbito internacional que tenga experiencia en todo el proceso de desmantelamiento”, indicó Albarrán, quien también recordó que, de hecho ésta es la primera vez que se hace una restauración del emplazamiento en España. Actualmente, en la central trabajar una media de 175 personas pertenecientes a 25 empresas. El 66 por ciento de estos trabajadores provienen de la provincia de Guadalajara.

Si todo transcurre según lo previsto, los trabajos terminarán en 2020. Después de esa fecha, la única prueba de la existencia de la central José Cabrera será el Almacén Temporal Individualizado (ATI), en el que hay 12 contenedores con 377 elementos de combustible gastado y algunos segmentos de la vasija. Todos ellos permanecerán en el ATI mientras no se dé una ubicación al Almacén Temporal Centralizado (ATC).

Fuente:  nuevalalcarria.com

El almacén temporal de la central nuclear de Almaraz recibe los últimos permisos

ATI en la central de Zorita

El proyecto recibió numerosas alegaciones, pero finalmente podrá almacenar los residuos a 400 metros de los reactores

El Almacén Temporal Individualizado (ATI) de la Central Nuclear de Almaraz ya tiene permiso para ser construido. Según indica la propia central, así lo ha dictaminado la Dirección General de Política Energética y Minas del Ministerio para la Transición Ecológica con dos resoluciones. Una es sobre el cambio de diseño que había que hacer en esta instalación, y otra sobre los nuevos planes de emergencia de la central que ahora tendrá al lado este almacén.

Si el ATI empieza a funcionar esto supone desahogo de cara a la recarga prevista a finales del próximo mes en uno de sus reactores, ya que prácticamente no había espacio para seguir almacenando un combustible gastado de alta actividad que tiene que ser neutralizado.

Con esta autorización se encarrila un proyecto que empezó siendo controvertido y al que la Junta de Extremadura se opuso de inicio expresando su deseo de que se impongan otras fuentes de energía alternativa a la nuclear. Además de grupos ecologistas y particulares que presentaron alegaciones, Podemos también planteó su desacuerdo con que la central nuclear cacereña dispusiera de su propio ATI para gestionar sus residuos radiactivos.

El principal argumento para sumarse al veto, el cual no ha tenido éxito, es que esta inversión, que ronda los 24 millones de euros, daba a entender que se alargaría la vida de esta central. La central nuclear de Almaraz-Trillo, abierta en 1981 (en 1983 su segundo reactor), en teoría debería cerrar en 2020, si bien los propietarios se están planteando pedir una prórroga de veinte años más. El Gobierno de Portugal también mostró su malestar por no haber sido consultado.

Mientras se iban conociendo todas estas reticencias, el tiempo apremiaba y la construcción de este ATI empezó a ser una cuestión urgente, según explicaron desde la central. Se debe a que los residuos de sus dos reactores necesitaban un lugar donde ser depositados.

Hasta ahora se iban colocando en las piscinas, pero éstas se encuentran prácticamente al completo y necesitan que este residuo radiactivo sea trasladado a un ATI, el cual aún no está funcionando porque estaba pendiente de estos últimos permisos. Ya se han hecho pruebas y, según las previsiones de la central, estará plenamente operativo a principios de noviembre.

El ATI de Almaraz viene a sustituir lo que en un principio iba a ser un cementerio nuclear para las centrales de toda España, técnicamente denominado Almacén Temporal Centralizado, (ATC). Iba a estar ubicado en Villar de Cañas (Cuenca). Sin embargo, en 2015 hubo un cambio en el gobierno de Castilla la Mancha y el ejecutivo socialista que entró cambió de opinión y paralizó aquella iniciativa. Lo siguiente fue decidir que cada central creara su propio almacén de residuos (ATI).

Como se sabe, el de Almaraz se trata de una obra anexa (a 400 metros de los reactores) que se basa en una plataforma de hormigón al aire libre con unos contenedores especiales y un cierre perimetral de seguridad.

Fuente: hoy.es

Zorita incorpora un nuevo almacén para residuos de muy baja actividad

Almacen superficial en la central de Zorita

Se depositarán temporalmente en este espacio antes de su traslado a El Cabril.

El Proyecto de Desmantelamiento y Clausura de la Central Nuclear José Cabrera ha alcanzado ya el 84 por ciento de su ejecución cuando se han cumplido ocho años desde que la Empresa Nacional de Residuos (Enresa) asumiera la titularidad de la planta para ejecutar el proyecto.
Los trabajos aún se prolongarán durante todo este año y la fecha actual de finalización fijada en programa es 2019. Desde Enresa han precisado que no se trata de un retraso, sino que esta nueva fecha  obedece a “reajustes necesarios en un proyecto de gran complejidad como es el desmantelamiento de una central nuclear”.
El desmantelamiento de estas instalaciones ha hecho necesario construir otras para poder llevar a cabo el proyecto de forma correcta. Así, a finales del año pasado concluyó la construcción de un nuevo almacén para residuos radiactivos de muy baja actividad, que se ha ubicado en el lugar que antaño ocuparon las torres de refrigeración. En este nuevo espacio se despositarán los residuos de muy baja actividad que en su mayoría serán tierras y escombros generados en las actividades de descontaminación, excavaciones y demoliciones. Tiene unos 1.900 metros cuadrados de superficie útil y en su interior dispone de 16 celdas de almacenamiento en tres niveles en el lado norte y una zona diáfana en la parte sur. La previsión es que pueda empezar a funcionar en los primeros meses de este año, una vez que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) otorgue la autorización. Este almacén no será definitivo, sino que posteriormente, estos residuos se trasladarán al centro de almacenamiento de El Cabril.

Planta de lavado de tierras

Enresa está esperando también el visto bueno del CSN para poner en marcha la planta de lavado de tierras, que lleva un año construida. El objetivo de esta instalación es gestionar y tratar los suelos afectados por la contaminación radiológica mediante técnicas de descontaminación. La previsión es que esté dos años en funcionamiento y trate unas 9.000 toneladas, la mitad de las 18.000 que se estiman se generarán en el movimiento de tierras.

Según su diseño, tiene capacidad para tratar 10 toneladas por hora. Funcionará en húmedo, en tandas de 500 toneladas, y con cuatro líneas principales de tratamiento y cuatro acopios.

Trabajos actuales

En la actualidad, los trabajos que se están llevando a cabo en la planta se centran en las actividades de caracterización y descontaminación de los suelos y las paredes del interior de los edificios de contención y auxiliar, así como en la puesta a punto de los sistemas necesarios para finalizar el proyecto, como el nuevo sistema de tratamiento de efluentes líquidos o  nuevo sistema de lavandería, entre otros, que se han ubicado en el Edificio Auxiliar de Desmantelamiento.

Igualmente se van a desmontar los tanques SIT1, FH-20 y la chimenea. Estas tareas están enfocadas para comenzar las primeras demoliciones en el último trimestre de este año.

Fuente:  nuevaalcarria.com

“Historias” del desmantelamiento de la central nuclear de Zorita

Desmantelamiento de Zorita 6. El Cabril recibe 5.500 toneladas de residuos tras el cierre de Zorita

El desmantelamiento de la central nuclear de Guadalajara entra en fase de descontaminación y desclasificación de suelos, un proceso que durará hasta 2019, tres años más de lo previsto

El desmantelamiento de la central nuclear José Cabrera de Almonacid de Zorita (Guadalajara), que ha entrado ya en la fase de descontaminación y desclasificación de edificios y terrenos, ha generado hasta la fecha un total de más de 13.000 toneladas de materiales, de las cuales 5.500 se corresponden con residuos radiactivos de muy baja, baja y media actividad y han sido enviados a El Cabril, el único almacén de España que procesa este tipo de basuras y que gestiona la Empresa Nacional de Residuos (Enresa) en el término municipal de Hornachuelos.

Fuentes de la sociedad explicaron a el Día que otras 6.000 toneladas corresponden a materiales convencionales y 1.500 toneladas a material desclasificable. Este último procedente de zonas radiológicas pero susceptible de ser gestionado como material convencional una vez verificada su ausencia de contaminación.

Zorita fue la primera central nuclear en ponerse en funcionamiento en España y ahora es la primera inmersa en un proceso de desmantelamiento completo, donde están trabajando un total de 200 personas, 11 en plantilla de Enresa y 189 subcontratadas. La próxima central nuclear en comenzar un proceso de desmantelamiento será la de Santa María de Garoña (Burgos), para lo que Enresa ya ha solicitado la autorización y cuyos residuos radiactivos también terminarán en El Cabril.

En el caso de Zorita, la fase de descontaminación y desclasificación de edificios y terrenos prevé remover hasta 18.000 toneladas de tierra al fin de limpiar los suelos de posible radiación. El proceso está ya al 83% de finalizar y culminará en 2019, con tres años de retraso sobre el cronograma original.

La denominada planta de lavado es la protagonista de esta nueva fase, que ya tiene todos los parámetros de funcionamiento ajustados y los niveles máximos de contaminación admisible definidos. La estimación inicial de Enresa es que la mitad de las 18.000 toneladas sean enviadas al proceso de desclasificación de materiales, mientras que las 9.000 restantes sean tratadas en la planta de lavado de suelos.

Este método de descontaminación concentra los contaminantes en un volumen mucho menor -en una especie de torta- que debe ser gestionado también como residuo destinado al centro de almacenamiento de residuos de baja y media intensidad de El Cabril, mientras que el resto del material, una vez limpio y desclasificado radiológicamente, se podrá gestionar como material convencional.

Zorita con su residuos de alta intensidad

Según Enresa, la planta de lavado estará en funcionamiento durante dos años, a medida que vayan avanzando los trabajos de demolición de los diferentes edificios de la instalación, hasta que el proceso completo culmine a finales del año 2019, según las previsiones de la entidad, lo que supondrá tres años de retraso de acuerdo con la programación teórica del proyecto. Hasta esa fecha, es previsible que el centro que Enresa gestiona en la sierra Albarrana cordobesa reciba material procedente de Guadalajara.

El año pasado, el almacén de Córdoba recibió un total de 1.175 bultos con residuos de baja y media actividad procedentes de la actividad de las centrales nucleares de los 2.859 que generaron las ocho instalaciones en activo el pasado ejercicio, lo que equivale al 42% del total. Así lo detalla el informe del Consejo Nacional de Seguridad Nuclear (CSN) sobre la actividad desarrollada en el pasado ejercicio.

La central que más residuos trasladó a El Cabril fue Cofrentes (Valencia), con 327 bultos. A continuación se sumaron Ascó I y II (289), Vandellós II (175), Almaraz I y II (150), Trillo (142) y la ya clausurada Santa María de Garoña (92 bultos), hasta sumar un total de 1.175 envíos.

Fuente:  eldiadecordoba

Desmantelamiento de Zorita 4. Finaliza el desmontaje de la vasija del reactor de la central nuclear José Cabrera

 

11 de junio de 2015

Los trabajos de desmontaje de los componentes del circuito primario de la central nuclear José Cabrera (Almonacid de Zorita, Guadalajara) ya han finalizado. Así lo han destacado hoy en una rueda de prensa el Director de Operaciones de Enresa, Alejando Rodríguez y el Director del Desmantelamiento de José Cabrera, Manuel Rodríguez. Según explicaron ambos técnicos a los medios de comunicación que se dieron cita en Guadalajara, tras las actuaciones acometidas con los internos del reactor, el presionador, la bomba principal y la retirada completa del generador de vapor, en el mes de mayo culminó el desmontaje del sistema de generación nuclear el corte bajo agua de la vasija del reactor.

Tras diez meses de operaciones, los trabajos de segmentación de la vasija de la central nuclear José Cabrera terminaban el pasado mes de mayo. En total, se han realizado más de 172 metros lineales de corte y se ha actuado sobre 95 toneladas de material, peso total de este gran componente que ha sido segmentado en 112 piezas que se han acondicionado en 15 contenedores de hormigón para su envío al centro de almacenamiento de residuos radiactivos de muy baja, baja y media actividad de El Cabril (Córdoba).

La vasija era un recipiente de acero al carbono, con forma de cilindro vertical, fondo semiesférico y una tapa superior desmontable, que contenía el núcleo del reactor. Su longitud total, sin la cabeza, era de 7,39 metros y tenía un diámetro interior de 2,81 metros.

Con el proceso finalizado de la vasija, culmina el desmontaje del circuito primario de la central nuclear, que ha requerido la aplicación de diferentes técnicas, que van desde las más convencionales (corte térmico en ambiente para el presionador) hasta las más innovadoras y complejas (corte mecánico bajo agua para los internos del reactor y la vasija), pasando por la aplicación intensiva de distintas técnicas de corte en frío (hilo de diamante, torno orbital, para el generador de vapor y las tuberías).

Fuente: ENRESA

Mas información de Zorita:  enresa.es